Original en italiano: Il Fatto Quotidiano, sábado 29 de agosto de 2026 • Traducción: Dazi Bao
En Internet se libra una nueva batalla de David contra Goliat, tras la gran contienda del gobierno estadounidense contra Julian Assange y WikiLeaks. Esta vez el epicentro es Italia, y David es una organización italiana de voluntariado, un colectivo muy pequeño de personas de bajo perfil que crea y distribuye de forma gratuita cuentas de correo electrónico protegidas con cifrado, blogs y listas de correo. Es defensora de la privacidad, antifascista y anticapitalista. Surgido hace veinticinco años de la utopía de Internet como instrumento de liberación y de saberes compartidos, en la era de las Big Tech, de las redes sociales y de sus algoritmos que mantienen a los usuarios pegados a la pantalla, mientras extraen datos personales que revenden para obtener ganancias en la era del capitalismo de vigilancia, este colectivo parece casi fuera del tiempo.
Se llaman Autistici/Inventati y acaban de ser puestos en la mira del gobierno estadounidense: la administración de Trump los considera el brazo digital de Al Qaeda y, en una medida sin precedentes, los ha incluido en la lista de organizaciones terroristas globales, con la acusación de que sus servicios digitales son utilizados, entre otros, por activistas estadounidenses violentos de extrema izquierda, por los Guardianes de la Revolución de Irán, por Hamás y por Hezbolá. Il Fatto ha tratado de indagar en las acusaciones, planteando preguntas al Departamento de Estado de Estados Unidos, hablando con el colectivo Autistici/Inventati y con expertos en criptografía y derechos digitales. El panorama que se delinea es el de un caso que corre el riesgo de sentar un precedente muy grave en contra de la libertad de expresión y de Internet y, en última instancia, en contra del disenso político. Así lo ve Chip Gibbons, director de la organización estadounidense Defending Rights and Dissent [Defendiendo Derechos y Disenso] y observador hace mucho tiempo de la guerra del gobierno estadounidense contra la libertad de prensa y de Internet.
“La decisión de designar al colectivo Autistici/Inventati como grupo terrorista, utilizando el mismo esquema aplicado a Al Qaeda, es profundamente preocupante”, dice Gibbons a Il Fatto. “En primer lugar, Trump ha dejado claro que pretende tildar a la izquierda de ‘terrorista’ y parece evidente que este grupo ha sido puesto en la mira precisamente por sus ideas políticas de izquierda. Además, no hay nada ilegal en proporcionar instrumentos tecnológicos a grupos políticos. Sancionarlos como si fueran Al Qaeda por haberlo hecho tendrá, obviamente, un efecto intimidatorio sobre quienes crean herramientas digitales para la participación política”.
Autistici/Inventati no cuenta con información concreta para establecer de dónde habría partido el ataque: ¿qué impulsó a la administración de Trump a incluir a un grupo minúsculo de una nación de la periferia del imperio estadounidense en la lista de entidades terroristas? ¿Ha tenido la derecha italiana, siempre obsesionada con la “amenaza” de los anarquistas y los opositores, algún rol en esta designación?
En conversación con nuestro periódico, en Autistici/Inventati se muestran escépticos y no parecen creer en un rol del gobierno de Meloni.
“Hay un público estadounidense que ha utilizado nuestros servicios y probablemente estas sean las migas de pan que las autoridades de Estados Unidos han seguido para llegar a la conclusión de que estamos en el centro de una conspiración mundial”, dice al Il Fatto un miembro del colectivo, en referencia a los numerosos movimientos antirracistas y antifascistas estadounidenses y a los muchos activistas que luchan contra la brutalidad de los agentes del ICE, que podrían haber utilizado los servicios digitales de Autistici/Inventati.
Nuestro periódico intentó preguntarle al Ministerio del Interior de Matteo Piantedosi si el gobierno italiano –y, en particular, Interior– fue informado previamente. El ministerio no quiso responder. Tampoco el Departamento de Estado respondió a nuestras solicitudes de aclaración.
De hecho, la designación como entidad terrorista llevó inmediatamente al cierre del sitio autistici.org: ¿quién lo ordenó? El colectivo nos confirmó no haber recibido ninguna orden judicial de las autoridades estadounidenses o italianas: el sitio simplemente fue desactivado menos de 48 horas después de la designación. Y de inmediato fue bloqueada la cuenta de PayPal. Autistici/Inventati se financia con donaciones y tiene una cuenta bancaria en Banca Etica. Al momento de escribir este artículo, Banca Etica parece dispuesta a cerrar la cuenta. Tampoco Autistici/Inventati puede recurrir al Bitcoin ni a las criptomonedas para eludir un bloqueo bancario: “Nunca hemos querido tener nada que ver con las criptomonedas, porque considerábamos que se trataba de una especulación financiera”, explican a Il Fatto, reiterando sus valores anticapitalistas. “Nunca hemos aceptado donaciones en Bitcoin y, probablemente, incluso nos habríamos hecho ricos, pero, de nuevo: nuestra idea no es hacernos ricos”, declaran. “Queremos la continuidad de servicios libres y gratuitos, no mercantilizados, que ofrezcan a la gente la posibilidad de expresarse tanto en privado como públicamente en la web o por correo electrónico. Nosotros no podemos leer nada de los correos electrónicos, está todo encriptado, porque así es como debe ser”.
Cerrar Autistici/Inventati corre el riesgo de hacer desaparecer servicios seguros, libres y gratuitos en los que se apoyaba una inmensa diversidad de realidades: correos electrónicos, blogs de cientos de activistas, radios libres, entidades con fines sociales, explica a Il Fatto Francesca Bria, profesora de la University College London y experta en soberanía digital, quien ve en la ofensiva contra el colectivo una maniobra que va mucho más allá de una minúscula organización de voluntariado italiana: “Designar como organización terrorista a un colectivo que lleva más de veinte años activo en el movimiento por los derechos civiles y digitales en Europa, y que siempre ha actuado a la luz pública, forma parte de la guerra tecnológica que Estados Unidos libra contra cualquiera que reclame autonomía sobre las redes e infraestructuras digitales”, dice Bria a nuestro periódico. “Hay que rechazar este ataque: Autistici/Inventati, una realidad pequeña formada por pocas personas, merece todo el apoyo posible. El caso debe ser llevado al Parlamento Europeo, pues no solo les concierne a ellos, sino a la libertad de quienes en Europa trabajan por una infraestructura digital independiente, segura y resiliente: el corazón del proyecto de soberanía digital europea. Las infraestructuras digitales son el sistema nervioso de nuestra sociedad y de nuestra economía; cerrarlas por decreto es la lógica de un Estado autoritario, no de un Estado de derecho”.
Pero al iniciar su ataque contra un minúsculo colectivo italiano, la administración de Trump probablemente ha hecho un cálculo: atacar un eslabón débil para crear un precedente que también sirva contra organizaciones más fuertes. “Parece un caso demasiado de nicho, incluso para la mayoría de la prensa especializada en tecnología”, dice a Il Fatto Harlo Holmes, directora de seguridad digital de la Freedom of the Press Foundation, y concluye: “Lo que significa que no habrá reacciones negativas, y esto quiere decir que podríamos ya estar sobre un terreno resbaladizo”.
Stefania Maurizi es periodista de investigación italiana. Trabaja para el diario Il Fatto Quotidiano, tras haberlo hecho durante catorce años para L’Espresso y La Repubblica. Entre los periodistas internacionales, es la única que ha investigado todos los documentos secretos de WikiLeaks. Trabajó también, junto con Green Greenwald, los archivos secretos de Edward Snowden para Italia. Es autora de Una bomba, dieci storie (2004), Dossier WikiLeaks. Segreti italiani (2011, con introducción de Julian Assange) e Il potere segreto. Perché vogliono distruggere Julian Assange e WikiLeaks (2021; ed. cast. El poder secreto. Por qué quiere destruir a Julian Assange y WikiLeaks, Akal, 2024).