A/I: El servidor llamado Paranoia

Defendamos a Austistici/Inventati antes del 25 de septiembre • Por Sabot Media

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Una herida a unx es un herida a todxs

Una herida a unx es una herida a todxs

Original en inglés: Sabot Media, 27 de agosto de 2026 • Traducción: Dazi Bao

Debería haber sido una noche oscura y tormentosa en un hacklab italiano.

Lamentablemente, era un hermoso domingo soleado.

El 3 de marzo de 2001, unas diez personas se reunieron en el hacklab LOA de Milán alrededor de una computadora ensamblada a partir de piezas descartadas. Un banco les había vendido un servidor viejo por el precio simbólico de 15.000 liras, unos ocho dólares. Lo ampliaron con componentes recuperados, incluido un disco rígido sacado de la computadora hogareña de alguien. Nadie llegó con un proyecto formal. Los paquetes de software fueron puestos a consideración uno por uno. Cada decisión fue discutida hasta que todos estuvieron de acuerdo. Deliberadamente, se colocó a la persona con menos experiencia técnica frente al teclado. El proceso tomó mucho más tiempo del necesario porque la eficiencia no era el único objetivo. Se suponía que todos debían entender lo que estaban construyendo. Ese día, como recordó más tarde uno de los participantes, fue cuando declararon: “A/I ahora existe”.

Bautizaron a la máquina Paranoia. Al mes siguiente fue puesta online, con dos dominios y dos historias entrelazadas: Autistici.org e Inventati.org. Veinticinco años después, el 26 de agosto de 2026, Estados Unidos designó a Autistici/Inventati como Terrorista Global Especialmente Designado y lo incluyó en la Lista de Nacionales Especialmente Designados y Personas Bloqueadas.

La distancia entre esos dos acontecimientos —desde una máquina reciclada en un hacklab de Milán hasta la maquinaria del Estado de seguridad nacional estadounidense— es la historia de un colectivo que ha pasado un cuarto de siglo insistiendo en un propuesta peligrosa:

Las personas deberían poder comunicarse sin tener que rendirse primero ante las corporaciones o los gobiernos.

La amenaza inmediata ya tiene fecha. El 25 de septiembre expira la autorización temporal de Estados Unidos para que las instituciones pongan fin a sus relaciones con A/I. Se les está ordenando a bancos, empresas de tecnología, proveedores de alojamiento y otras instituciones que corten lo que queda. A/I construyó su infraestructura para sobrevivir a la desaparición de un servidor. Estados Unidos ahora está intentando hacer que el colectivo sea intocable, tanto económica como tecnológicamente. Acompáñennos a explorar qué es A/I, cuál es su historia y qué podría significar este nuevo ataque para el colectivo tecnológico autónomo y la comunidad radical en general.

Antes de A/I: la Internet subterránea de Italia

Autistici/Inventati no surgió de la nada. Sus raíces se remontan a más de una década de organización autónoma italiana, radios piratas, sistemas de tableros de anuncios, centros sociales ocupados, movimientos anticapitalistas y experimentación con computadoras como herramientas políticas. Durante la década de 1990, redes como la European Counter Network [ContraRed Europea] e Isole nella Rete [Islas en la Red] proporcionaron espacio online para movimientos sociales, cuando Internet aún era algo poco conocido para gran parte del público. Los hackmeetings de Italia reunieron a programadores, activistas, artistas y personas con curiosidad por la tecnología en espacios autogestionados. Los hacklabs surgieron en centros sociales ocupados, donde la gente podía aprender Linux, construir redes y abordar el conocimiento técnico como algo para ser compartido antes que vendido. Los futuros miembros de A/I provenían de diversas partes de este mundo. En Milán, personas vinculadas al hacklab LOA utilizaban el nombre Autistici [Autistas] para describir su intensa fascinación por la tecnología y su deseo de revelar la política oculta en ella. En Florencia, el proyecto Inventati [Inventados] estaba más orientado hacia la comunicación, la publicación y la organización de movimientos. Entre sus proyectos se encontraban Stampa Clandestina [Prensa Clandestina], un periódico destinado a ser pegado directamente en las paredes de la ciudad, y Spia la Spia [Espía al Espía], una iniciativa para mapear las cámaras de vigilancia en lugares públicos.

También participaron personas de Bolonia y de otros lugares. Muchos se involucraron en el primer desarrollo de Indymedia Italia, parte de la red internacional de publicación abierta que permitía a manifestantes y participantes sueltos reportar acontecimientos sin tener que esperar a que los periodistas profesionales los transmitieran. Los distintos grupos compartían un problema: los movimientos necesitaban cada vez más sitios web, listas de correo y correo electrónico privado, pero la infraestructura independiente seguía siendo escasa. La European Counter Network existente estaba cargando con gran parte de ese peso. Los proveedores comerciales ofrecían mayor capacidad, pero a costa de dinero, dependencia, vigilancia y eventual censura. En noviembre de 2000, Inventati envió a los hackers milaneses un correo electrónico cifrado solicitando una reunión. El mensaje fue tomado como algo sacado de una película de espías amateur: claves PGP, instrucciones de reconocimiento cuidadosamente dispuestas, una hora y un lugar secretos. Entonces llegaron los florentinos con dos horas de retraso en un legendario cacharro oxidado llamado General Lee, tocando la bocina frente a la casa ocupada mientras la policía que vigilaba el edificio observaba con desconcierto.

El hecho histórico acordado es que todos terminaron comiendo en una pizzería llamada La Balena. Durante la cena, los florentinos revelaron su plan presuntamente sedicioso:

Construir otro servidor autónomo.

La intención no era reemplazar la infraestructura existente del movimiento con un nuevo proveedor central. Se trataba de multiplicarla. Si hubiera miles de servidores autónomos, razonaban, ninguna redada puntual o incautación podría interrumpir las comunicaciones de todos. Autistici aportó gran parte del conocimiento técnico. Inventati aportó su experiencia en el ámbito editorial, el trabajo cultural y la comunicación del movimiento. Juntos se convirtieron en Autistici/Inventati, generalmente abreviado como A/I. La asociación legal del colectivo fue bautizada Investici [Invierte en nosotros], pero A/I nunca se convirtió en una organización convencional. No tenía coordinador, líder oficial ni portavoz permanente. Las decisiones se tomaban colectivamente en lugar de por voto mayoritario. Nadie recibía un salario. Sus recursos provenían de donaciones voluntarias, eventos benéficos y el trabajo de las personas que lo mantenían. El nombre doble fue deliberado. A/I era una criatura con dos caras: una técnica, la otra comunicativa; una orientada hacia la máquina, la otra hacia los movimientos que la necesitaban.

El servidor que se bloqueó a sí mismo

El nacimiento no fue del todo glorioso. En el segundo día de existencia de Paranoia, alguien ingresó un comando de firewall invertido y por accidente le indicó a la máquina que rechazara toda conexión que no proviniera de sí misma.

El servidor solo podía comunicarse consigo mismo.

El colectivo consideró que esto encajaba tan perfectamente con su identidad que imprimió el error en una camiseta. Esa combinación de seriedad técnica y rechazo a la autoimportancia se convirtió en parte del carácter de A/I. Los servidores posteriores recibieron nombres como Chernobyl, Astio, Rivolta, Contumacy y Latitanza: Rencor, Revuelta, Contumacia y Clandestinidad. Detrás de las bromas había una postura política bien definida. La comunicación debe ser libre y accesible. El conocimiento crece al ser compartido. El software no es neutral simplemente porque opera en un mundo supuestamente virtual. Los sistemas a través de los cuales las personas se expresan determinan quién puede hablar, quién puede escuchar, quién es dueño del registro y quién puede ser silenciado. A/I comenzó a ofrecer sitios web, correo electrónico privado, listas de distribución, boletines informativos y chat. Sus servicios se expandieron con el tiempo para incluir Noblogs, intercambio de archivos, conferencias de audio y video, transmisión en vivo, reenvío anónimo de correo y otros instrumentos de comunicación: todo sin publicidad ni extracción comercial de datos.

Su manifiesto describe el proyecto en términos explícitamente políticos. A/I es antifascista, anticapitalista y antimilitarista. Promueve el software libre, el cifrado, el seudonimato y la circulación independiente del conocimiento y la producción cultural. Reserva sus recursos limitados y administrados por voluntarios para personas y proyectos que sean ampliamente compatibles con esos principios, en lugar de para empresas, partidos políticos, religiones organizadas o instituciones que ya cuentan con los medios para hacerse oír. A/I nunca fue un proveedor políticamente neutral de alojamiento comercial. Pero proporcionar infraestructura no es lo mismo que ser autor de todo lo que se transmite a través de ella. La afinidad política no es control operativo. Darle a alguien una cuenta de correo electrónico no significa escribir cada mensaje que esa persona envíe posteriormente. Esa distinción es central en relación con el ataque que ahora se está lanzando contra ella.

Génova: la infraestructura en la mira

Apenas unos meses después de que Paranoia fuera puesto online, el G8 llegó a Génova. Muchos participantes de A/I también formaban parte de Indymedia Italia. Ayudaron a construir el centro de medios del movimiento, tendiendo cables, configurando servidores y montando estaciones de trabajo mediante las cuales los manifestantes podían informar sobre lo que estaba sucediendo en toda la ciudad. Lo que siguió fue histórico: enormes manifestaciones, el asesinato de Carlo Giuliani a manos de la policía, represión indiscriminada en las calles, tortura y abusos dentro del cuartel de Bolzaneto y la redada nocturna en la escuela Díaz. Las narrativas oficiales compitieron con fotografías, grabaciones y testimonios de primera mano transmitidos a través de una infraestructura independiente. Génova se convirtió en una de las primeras manifestaciones importantes en ser documentada desde casi todas las perspectivas por sus participantes, en lugar de exclusivamente a través de los medios institucionales.

Para A/I, también fue lo que el colectivo denominó más tarde una “comunión traumática”. Sus miembros experimentaron juntos la misma violencia, al tiempo que mantenían sistemas a través de los cuales podía filtrarse la evidencia de esa violencia. Después de Génova, A/I dejó de ser simplemente un experimento técnico interesante. Se había convertido en una infraestructura confiable para el movimiento. La demanda creció rápidamente. Para 2003, A/I alojaba a más de 2000 usuarios, 205 sitios web y 269 listas de discusión. Alojar esos servicios de manera gratuita se estaba volviendo insostenible, mientras que el alojamiento comercial costaría miles de euros al año. El colectivo respondió con las giras KAOS: encuentros itinerantes que combinaban eventos benéficos, fiestas, debates públicos y talleres prácticos. Los miembros de A/I enseñaban a las personas cómo configurar servidores, cifrar comunicaciones, editar y distribuir videos, crear archivos digitales y transmitir audio.

Las giras recaudaron fondos, pero su propósito más profundo era la educación política. El colectivo no quería convertirse en un grupo de expertos invisibles que hicieran magia para usuarios pasivos. Quería que la comunidad entendiera la maquinaria de la que dependía cada vez más.

Cada ataque posterior contra A/I produciría una variación de esta respuesta:

Revelá lo que sucedió. Repará el daño. Compartí la lección. Construí algo más difícil de destruir.

Trenitalia descubre el efecto Streisand

El primer enfrentamiento legal importante de A/I se produjo en 2004. Un colectivo de diseño llamado Zenmai había creado un sitio web que parodiaba a la empresa ferroviaria italiana Trenitalia. Copiaba el aspecto del sitio web de la empresa al tiempo que denunciaba la participación de Trenitalia en el transporte de tanques y otros suministros militares durante la invasión de Irak. Trenitalia exigió la eliminación de la página, una indemnización por daños y perjuicios y la publicación de avisos en dos periódicos importantes, con un costo estimado de aproximadamente 20.000 euros. Inicialmente, un tribunal ordenó a A/I que retirara la parodia. Internet respondió reproduciéndola por todas partes.

Trenitalia exigió entonces que A/I también eliminara los enlaces a las copias espejo, un argumento que planteaba la absurda posibilidad de que enlazar a material en disputa pudiera hacer responsable de él a cualquier motor de búsqueda. A/I apeló. El 14 de septiembre de 2004, el tribunal dictaminó que el sitio web era una sátira protegida basada en una controversia factual. La página volvió a estar online y se ordenó a Trenitalia pagar los gastos legales de A/I. Fue una victoria extraordinaria para un pequeño colectivo de voluntarios. Pero mientras A/I luchaba contra la censura visible en los tribunales, se estaba llevando a cabo una operación más peligrosa sin su conocimiento.

La ofensiva Aruba

En aquel entonces, el servidor de A/I estaba alojado en el proveedor comercial Aruba, en Arezzo. El 15 de junio de 2004, la policía italiana llegó a Aruba por orden de un fiscal de Bolonia. Los técnicos de la empresa apagaron la máquina de A/I y permitieron que la policía copiara material de sus discos. Los investigadores obtuvieron sus certificados criptográficos y es posible que hayan instalado equipo capaz de interceptar el tráfico. A/I fue informada de que la interrupción se debió a un problema eléctrico. El colectivo descubrió la verdad casi un año más tarde, y solo por accidente.

En mayo de 2005, se ordenó a A/I que cerrara la casilla de correo utilizada por la Cruz Negra Anarquista italiana, Crocenera Anarchica, en medio de una amplia investigación relacionada con acusaciones de conspiración y subversión anarquistas. A/I cumplió con la orden judicial y solicitó los documentos del caso en cuestión. Esos documentos contenían mensajes que los investigadores no deberían haber podido obtener. Escondida en una nota al pie se encontraba la explicación: la policía había viajado a Aruba el año anterior y había obtenido acceso al servidor de A/I. Una operación que supuestamente se centraba en una sola casilla de correo había puesto en riesgo potencialmente miles de cuentas y decenas de miles de suscriptores de listas de correo. Entre los afectados se encontraban abogados y expertos técnicos que colaboraban con el Foro Legal de Génova. Por lo tanto, es posible que la policía haya tenido acceso a comunicaciones confidenciales de la defensa relacionadas con los procesos judiciales derivados de la conducta policial durante la cumbre del G8. La violación puso al descubierto una brutal realidad. A/I podía operar su propio servidor, configurarlo cuidadosamente y negarse a conservar registros de identificación, pero la máquina física permanecía en el edificio de otra persona. Un proveedor comercial podía abrir la puerta, entregar su contenido y ocultar lo que había sucedido.

A/I retiró la máquina de Aruba, la limpió y restableció los servicios esenciales. Se plantearon preguntas parlamentarias en Italia y a nivel europeo. El colectivo viajó por Italia y Europa explicando la violación de seguridad. Y lo más importante, reconstruyó la red.

Plan R*: la represión se convierte en arquitectura

El resultado fue el Plan R*, lanzado en octubre de 2005: una red de “comunicación resistente”. En lugar de concentrar los servicios de A/I en una sola máquina, el colectivo distribuyó los datos cifrados y las funciones entre servidores en varios países. Las máquinas de acceso público podían ser reemplazadas. Los servicios podían trasladarse cuando el hardware era incautado o un proveedor se volvía hostil. La pérdida de un nodo ya no expondría ni silenciaría a toda la comunidad. R* significaba replicación, redundancia, resistencia y otras palabras que comienzan con R. Su arquitectura fue concebida no solo para sobrevivir a fallas mecánicas, sino para resistir ataques políticos. A/I no afirmaba poder garantizar una seguridad perfecta. Por el contrario, advertía repetidamente a los usuarios que nunca confiaran ciegamente su seguridad a ningún proveedor, incluido A/I. Minimizaba los registros y la información de identificación porque la información que no existe no puede ser incautada fácilmente. Alentaba a los usuarios a cifrar sus propias comunicaciones porque ni siquiera la arquitectura de servidor más sólida podía compensar las prácticas individuales inseguras.

El colectivo transformó una operación de vigilancia encubierta en una lección de infraestructura.

La represión se convirtió en arquitectura.

El Vaticano, un videojuego satírico y Noruega

La presión continuó. En 2007, un político italiano exigió que se tomaran medidas contra Operation: Pedopriest, un juego satírico para navegador que criticaba los esfuerzos de la Iglesia Católica por ocultar los abusos sexuales cometidos por el clero. Su creador retiró temporalmente el juego para proteger al proveedor de alojamiento. A/I alojó entonces una copia. Tras una denuncia de una organización de protección infantil no identificada, un proveedor estadounidense desconectó todo el servidor de Noblogs. Tras consultar con abogados, el proveedor concluyó que la sátira era legal en Estados Unidos y restableció el servidor. Plan R* mantuvo el material en disputa accesible en otros lugares y limitó la interrupción generalizada. Para entonces, A/I se había convertido en un importante refugio frente a la emergente red social comercial. Noblogs ofrecía publicación independiente sin publicidad, sin minería de datos ni exigencias de que las personas vincularan sus identidades legales a todo lo que decían.

Entre sus usuarios se contaban organizaciones de movimientos sociales, escritores personales, disidentes, artistas y trabajadores de ONG que operaban en entornos peligrosos. En 2008, A/I recibió el premio italiano Winston Smith “Héroe de la Privacidad” por crear una infraestructura de comunicaciones libres resistente a la censura a pesar de los escasos recursos, los ataques técnicos y las repetidas intervenciones judiciales. Luego, el 6 de noviembre de 2010, la policía noruega copió los discos duros de un servidor de A/I a petición de Italia. La investigación se originó a raíz de amenazas y grafitis antifascistas dirigidos a miembros de la organización neofascista CasaPound. Las autoridades buscaban información sobre una casilla de correo. A/I ya había explicado que no contaba ni con las identidades de los suscriptores ni con registros de actividad, pero al parecer los investigadores querían determinar si eso era cierto.

En el proceso fueron copiadas miles de cuentas.

Plan R* restableció los servicios afectados en otros lugares en aproximadamente dos horas. En veinticuatro horas, la red ya funcionaba con normalidad. Los discos incautados estaban encriptados y no proporcionaron información útil para la identificación. La operación se convirtió en un escándalo público en Noruega. Abogados, periodistas y organizaciones tecnológicas cuestionaron por qué la policía noruega había copiado las comunicaciones privadas de miles de personas en respuesta a una solicitud extranjera que no se había explicado adecuadamente. La investigación italiana subyacente fue finalmente archivada. Mientras que otra organización podría haber interpretado las repetidas redadas como prueba de que su proyecto era imposible, A/I las entendió como la confirmación de que el proyecto era necesario. Su historia está documentada en el libro del colectivo, +KAOS. 10 anni di hacking e mediattivismo [+KAOS: Diez años de hacking y mediactivismo], y en su propia historia del colectivo.

26 de agosto de 2026

El ataque más reciente es de otro orden. El 26 de agosto, el Departamento de Estado estadounidense designó a Autistici/Inventati como Terrorista Global Especialmente Designado. Al mismo tiempo, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro incluyó a A/I en la lista de Nacionales Especialmente Designados y Personas Bloqueadas (también conocida como lista SDN) en virtud de la Orden Ejecutiva 13224. Esto no es simplemente una declaración condenatoria gubernamental. Activa uno de los sistemas de exclusión económica más poderosos del mundo. Estados Unidos alega que A/I proporciona arquitectura digital especializada, comunicaciones encriptadas y alojamiento web a grupos antifascistas y otros movimientos radicales, incluidas organizaciones ya designadas por Estados Unidos.

El anuncio público del Tesoro se enfoca en los servicios que proporciona A/I: sitios web alojados en el extranjero, correo electrónico encriptado, chat, videoconferencias y la arquitectura digital que sostiene Noblogs. Describe la política antifascista y antimilitarista de A/I, su práctica de seleccionar proyectos compatibles con dicha política y su provisión de infraestructura utilizada por el PKK [Partido de los Trabajadores de Kurdistán, designado por Estados Unidos como organización terrorista]. El Tesoro considera entonces la provisión de esa infraestructura como apoyo material o tecnológico al terrorismo (Anuncio del Tesoro de Estados Unidos). El expediente adjunto del Departamento de Estado va más allá, presentando ataques, comunicados y publicaciones que, según afirma, pasaron por la infraestructura de A/I. Entre los ejemplos que cita se incluyen presuntos sabotajes a ferrocarriles y oleoductos en Europa, ataques contra infraestructura energética, Rose City Antifa, la resistencia al centro de capacitación policial propuesto en Atlanta, Jane’s Revenge y publicaciones que incluyen declaraciones atribuidas a organizaciones armadas (Designación del Departamento de Estado). Las declaraciones públicas del gobierno no demuestran que A/I haya planeado esas acciones, seleccionado objetivos, transferido armas, dirigido a los grupos citados o redactado el material alojado en sus sistemas. Tampoco establecen cuándo se enteró A/I de algún acto en particular ni si tenía conocimiento de él antes de que ocurriera.

En cambio, la designación avanza en una proposición más amplia y trascendental:

La construcción de infraestructura de comunicaciones para movimientos radicales puede ser considerada en sí misma como terrorismo.

Esa teoría elimina la distinción entre un proveedor y un usuario; entre afinidad política y control operativo; entre proteger la privacidad y ocultar un delito; entre mantener una plataforma de publicación y ser autor de todo lo que se publica a través de ella. A/I nunca ha afirmado ser políticamente neutral. Construyó infraestructura precisamente porque los movimientos radicales necesitaban un lugar para expresarse, publicar y organizarse más allá del control corporativo y estatal. Estados Unidos ahora está utilizando ese propósito como evidencia en su contra.

Qué sucederá el 25 de septiembre

Dado que A/I figura ahora en la lista SDN, todos sus propiedades o participaciones en propiedades dentro de los Estados Unidos –o que estén en poder o bajo el control de una persona estadounidense– deben ser bloqueados y reportados a la OFAC. A menos que se aplique una exención o licencia, las personas e instituciones estadounidenses tienen, en general, prohibido proporcionar o recibir fondos, bienes o servicios relacionados con A/I. Las restricciones pueden alcanzar transacciones que pasen por Estados Unidos, incluso cuando las partes se encuentren en otros lugares. La OFAC ha emitido una licencia temporal que permite transacciones normalmente necesarias para dar por terminadas relaciones existentes con A/I hasta las 12:01 a. m., hora del Este, del 25 de septiembre de 2026. Los pagos adeudados al colectivo no pueden simplemente serles entregados; deben depositarse en cuentas bloqueadas. Después de la fecha límite, las transacciones sujetas a estas restricciones requerirán otra autorización aplicable. Por lo tanto, el 25 de septiembre es la fecha en la que se espera que las empresas y personas estadounidenses se separen de A/I.

Las consecuencias pueden incluir la pérdida de:

  • Cuentas bancarias y procesamiento de pagos.

  • Donaciones y servicios de recaudación de fondos vinculados con Estados Unidos.

  • Alojamiento web, infraestructura en la nube y servicios de red de nivel superior.

  • Registro de dominios y servicios técnicos relacionados.

  • Cuentas de certificados, seguridad y entrega de correo electrónico.

  • Servicios de software y comunicaciones.

  • Relaciones con proveedores no estadounidenses que temen sanciones secundarias de Estados Unidos.

  • Acceso para personas en Estados Unidos que actualmente utilizan los servicios de A/I.

Las empresas extranjeras no están sujetas automáticamente a todas las prohibiciones impuestas a los estadounidenses. Sin embargo, la OFAC advierte que las instituciones financieras extranjeras pueden estar expuestas a sanciones secundarias por facilitar a sabiendas transacciones significativas en nombre de una entidad designada. Esa advertencia puede causar tanto daño como una aplicación directa de la ley. Es posible que un banco, un registrador o una empresa de alojamiento web europeos no sepan con precisión qué les exige la ley estadounidense. Su departamento de cumplimiento normativo podría simplemente decidir que mantener una relación con un pequeño colectivo anarquista italiano no vale la pena dado el riesgo percibido. Las instituciones suelen excederse en el cumplimiento. Los proveedores pueden cerrar cuentas o retirar infraestructura incluso cuando la ley no les exige claramente hacerlo. Las organizaciones pueden eliminar enlaces, evitar la correspondencia o rescindir relaciones no relacionadas simplemente porque el nombre de A/I ahora aparece en una lista negra de terrorismo.

Así es como las sanciones estadounidenses adquieren fuerza a nivel mundial: no solo a través de la jurisdicción legal, sino también a través del miedo institucional.

El objetivo más amplio es la comunidad alrededor del servidor

La designación puede estar dirigida a A/I, pero sus efectos no se limitarán al colectivo. La infraestructura de A/I es utilizada por escritores, organizadores, investigadores, artistas, publicaciones de movimientos sociales y personas que la eligieron precisamente porque las plataformas comerciales eran inseguras, políticamente hostiles o estaban diseñadas para extraer sus datos. Esos usuarios no son sancionados automáticamente por tener una dirección de A/I o por publicar en Noblogs. Pero una vez que el propio proveedor es incluido en una lista negra de terrorismo, una simple asociación puede convertirse en una señal de riesgo. Un banco podría examinar minuciosamente un pago. Un proveedor de correo electrónico podría reducir la prioridad o bloquear la entrega. Un empleador, un agente fronterizo o un investigador podrían considerar sospechosa una dirección. Un periodista podría dudar en contactar a una fuente. Un investigador podría evitar un archivo. Un nuevo usuario podría decidir que abrir una cuenta es demasiado peligroso. Nada de esto requiere que el gobierno procese penalmente a todas las personas involucradas. La designación puede generar su propio perímetro de miedo.

Esa es una de las razones por las que esta medida, de otra manera inexplicable, puede ser útil para el Estado, incluso si A/I permanece online. Los ataques anteriores intentaban llegar a la comunidad a través de máquinas, cuentas de correo y proveedores específicos. A/I respondió distribuyendo sus sistemas, encriptando sus discos y reteniendo menos información. Esas prácticas hicieron que las incautaciones y la vigilancia convencionales fueran menos productivas. Las sanciones atacan un nivel diferente: las relaciones que permiten que la infraestructura exista. En lugar de romper el cifrado, el gobierno puede presionar a bancos, registradores, centros de datos, empresas de software y usuarios para que aíslen a las personas que operan con él. En lugar de demostrar ante un tribunal que cada usuario cometió un delito, puede hacer que el contacto continuo resulte costoso y legalmente incierto.

Se trata del poder de un estado de vigilancia que opera a través de intermediarios privados. El gobierno no necesita colocar a un funcionario dentro de cada sala de servidores cuando se puede inducir a departamentos de cumplimiento, a procesadores de pagos y a plataformas a vigilar la red por sí mismos. Cada institución trazará su propio límite defensivo, a menudo más amplio de lo que exige la ley. Algunas pueden exigir más documentos de identidad, conservar más registros, monitorear contenido político o rechazar por completo proyectos que preservan la privacidad. Otras pueden cerrar cuentas en silencio y no ofrecer ninguna vía de apelación significativa. La aplicación de las normas se dispersa entre empresas cuyas decisiones son difíciles de ver, cuestionar o incluso documentar.

El daño resultante no se limita a la censura. Puede cambiar la arquitectura de la comunicación del movimiento. Los pequeños proveedores autónomos podrían llegar a la conclusión de que dar servicio a comunidades controvertidas implica un riesgo existencial. Las plataformas más grandes podrían señalar la designación como otra razón para ampliar la verificación de identidad, la moderación automatizada y la retención de datos. Los usuarios podrían migrar de la infraestructura confiable del movimiento a sistemas comerciales que son más fáciles de monitorear, someter a citaciones judiciales y mapear. El Estado gana influencia incluso cuando no obtiene texto sin cifrar de los discos encriptados de A/I: las personas se aíslan entre sí, los proveedores recopilan más información y las relaciones sociales que rondan el disenso se vuelven más fáciles de observar.

El precedente va más allá de los proyectos explícitamente anarquistas o antifascistas. Si la alineación política con los usuarios, las medidas de protección de la privacidad y el alojamiento de publicaciones polémicas pueden constituir un argumento para que la infraestructura en sí misma se considere un apoyo, entonces los proveedores de correo encriptado, los editores radicales, los archivos comunitarios, las VPN, las redes sociales federadas, los proyectos de apoyo legal y otros proveedores de alojamiento independientes tienen motivos para prestar atención. Los hechos y las leyes concretos podrían variar en cada caso. El peligro radica en la normalización de la categoría: un proveedor de comunicaciones ya no sería tratado como un canal o editor con sus propios derechos y responsabilidades, sino como un participante en cada acto que el gobierno atribuya a cualquier persona que utilice sus sistemas.

Eso no significa que la designación se refiera en secreto a todos los usuarios de A/I, ni que se produzcan todas las consecuencias posibles. El gobierno no ha explicado públicamente su estrategia interna más allá de las acusaciones contenidas en sus comunicados. Pero la estructura de la acción es evidente. Reemplaza una acusación específica contra una conducta identificable por una sanción general contra la infraestructura; traslada la aplicación de la ley de los tribunales a una red global de instituciones cautelosas, y convierte la incertidumbre misma en un instrumento de control. El objetivo inmediato puede ser desactivar a A/I. El efecto más amplio es advertir a cualquiera que desarrolle comunicaciones fuera de la supervisión corporativa y estatal que el refugio que brindan puede ser reinterpretado como evidencia en su contra.

¿Puede A/I sobrevivir a esto?

A/I ha visto venir la represión estatal desde muy lejos.

Toda su infraestructura asume que:

  • Los servidores serán incautados.

  • Los proveedores cooperarán con la policía.

  • Los gobiernos exigirán información sobre los usuarios.

  • Las empresas desconectarán el material polémico.

  • Las máquinas y ubicaciones individuales dejarán de estar disponibles.

  • Por lo tanto, los datos y los servicios deben estar encriptados, distribuidos y ser reemplazables.

Esa preparación es importante. A/I tiene su sede en Italia, no en Estados Unidos. Su infraestructura está distribuida a nivel internacional. Sus servicios son mantenidos por voluntarios con gran sofisticación técnica. Evita depender de un solo proveedor, minimiza la información identificatoria y tiene décadas de experiencia en la restauración de servicios durante emergencias. No tiene accionistas, sede corporativa ni nómina convencional. Sus costos operativos relativamente modestos y su estructura de voluntariado le dan al Estado menos puntos de presión conocidos. Hay pocas razones para suponer que el sitio web, el sistema de correo o Noblogs simplemente desaparecerán el 25 de septiembre. A/I podría estar mejor equipada para sobrevivir una incautación o desconexión de una máquina que casi cualquier proyecto de comunicaciones de tamaño comparable.

Pero esto no es otra redada a un servidor.

El Plan R* fue diseñado para sobrevivir a la desaparición de máquinas. Por sí solo, no puede impedir que los bancos bloqueen fondos, que los registradores suspendan dominios o que empresas de todo el mundo retiren sus servicios por temor a sanciones estadounidenses.

La designación apunta al tejido conectivo alrededor de los servidores:

  • Bancos.

  • Donaciones.

  • Dominios.

  • Contratos de centros de datos.

  • Ancho de banda.

  • Certificados.

  • Dependencias de software.

  • Relaciones institucionales internacionales.

A/I ya ha sobrevivido al aislamiento técnico anteriormente. Ahora, Estados Unidos está intentando una excomunión financiera e institucional. Sus servicios centrales pueden ser resilientes. Sin embargo, su capacidad para financiarlos, reemplazar infraestructura y participar en el sistema tecnológico más amplio corre un riesgo considerablemente mayor. Por lo tanto, lo que suceda después del 25 de septiembre dependerá no solo de la arquitectura que rodea los datos de A/I, sino también de la solidaridad que rodea a la propia A/I.

El 25 de septiembre no es una fecha límite para el silencio

La designación tiene como objetivo aislar. La respuesta debe ser una solidaridad informada, independiente y disciplinada. Las personas en Estados Unidos no deben improvisar donaciones, encubrir pagos ni canalizar recursos a través de otra persona, organización, moneda o país. Eso podría exponer a sanciones tanto al donante, como al intermediario y a la propia A/I. Las prohibiciones también pueden extenderse más allá del dinero. La asistencia técnica coordinada, la traducción, la defensa de causas, la organización de eventos u otros servicios prestados a una entidad designada pueden crear riesgos legales.

Pero el 25 de septiembre no es una fecha límite para el silencio. El periodismo independiente, la crítica, la protesta, la educación y la defensa política siguen siendo posibles. Las personas pueden contar la historia de A/I, examinar y cuestionar las afirmaciones del gobierno, ponerse en contacto con periodistas y organizaciones de libertades civiles, preservar materiales públicos y organizarse de manera independiente contra la criminalización de la infraestructura de comunicaciones de resistencia. La distinción práctica radica entre hablar y actuar de manera independiente sobre A/I y proporcionar fondos o servicios coordinados a A/I. Los límites exactos pueden ser complicados. Cualquiera que esté considerando recaudar fondos, proporcionar infraestructura de reemplazo, crear espejos públicos o brindar asistencia técnica directa debe consultar a un asesor legal especializado en sanciones. Una guía básica sobre libertades civiles de febrero de 2025 que aborda el apoyo material y las restricciones de la OFAC también advierte que las actividades legales o protegidas pueden, aun así, atraer vigilancia, investigaciones, consecuencias migratorias o litigios civiles. Los simpatizantes a quienes se les acerquen autoridades deben negarse a responder preguntas y hablar con un abogado.

Este artículo es un informe y un análisis político, no un consejo legal.

Lo que los simpatizantes pueden hacer antes del 25 de septiembre

Contar la historia. Compartir la historia de A/I: los hacklabs, Paranoia, Génova, las giras de KAOS, la victoria contra Trenitalia, la filtración de Aruba, Plan R*, Noblogs y la incautación en Noruega. No permitir que la descripción del gobierno se convierta en el único relato disponible públicamente sobre lo que es A/I. Formar una coalición de defensa pública. Pedir a colectivos de servidores independientes, organizaciones de derechos digitales, hacklabs, proyectos de software libre, bibliotecas radicales, editoriales independientes, periodistas, abogados, investigadores y antiguos usuarios que respondan públicamente. Preservar el archivo. Los servidores pueden ser incautados. Los dominios pueden ser suspendidos. Los proveedores de alojamiento pueden entrar en pánico. Hacer copias de seguridad de los escritos de Noblogs que sean de acceso público y tengan valor histórico, junto con los manifiestos de A/I, documentos técnicos, registros legales y la historia del movimiento. Registrar las URL de origen, la autoría, las fechas de publicación y las fechas de recuperación. Respetar la privacidad, los derechos de autor y las solicitudes de eliminación. No acceder a cuentas privadas ni eludir la seguridad. La preservación personal, el archivo para investigación y el periodismo común no son lo mismo que operar públicamente una infraestructura de reemplazo; cualquiera que considere crear un espejo público debe buscar primero asesoramiento calificado.

Documentar el cumplimiento excesivo. Registrar empresas, bancos, registradores, plataformas e instituciones que cancelan servicios o eliminan material. Preservar notificaciones y correspondencia. El registro público debe mostrar hasta qué punto la designación va más allá de su lenguaje formal. Exigir respuestas. Preguntar a los grupos de derechos digitales, a las instituciones europeas y a los funcionarios públicos si permitirán que las sanciones estadounidenses desmantelen un colectivo de comunicaciones italiano. Preguntar qué protección existe para infraestructura, usuarios y archivos europeos. Organizar de manera independiente. Sostener debates públicos sobre infraestructura autónoma, sanciones, vigilancia y ley de apoyo material. Publicar artículos explicativos. Enseñar sobre cifrado. Apoyar el trabajo independiente en defensa de las libertades civiles que se opone a las designaciones expansivas de terrorismo. Preparar formas legales de apoyo material. A/I ha sobrevivido históricamente gracias a donaciones voluntarias, pero los simpatizantes estadounidenses no deben enviar ni desviar dinero mientras la designación esté vigente sin una autorización clara. Las organizaciones de derechos digitales y legales pueden investigar de manera independiente mecanismos legales de apoyo, licencias y posibles procedimientos de remoción de la lista.

Escuchar atentamente la respuesta pública de A/I, manteniendo al mismo tiempo el apoyo independiente en términos legales. La declaración del colectivo debe servir de base para describir su historia y sus circunstancias. Cualquier campaña coordinada, canal de recaudación de fondos o servicio directo requiere una consideración jurídica específica. El objetivo inmediato es hacer que sea imposible que A/I desaparezca silenciosamente.

La red llamada solidaridad

A/I ha sobrevivido a corporaciones que exigían censura, acceso policial encubierto, discos confiscados, proveedores hostiles, ataques parlamentarios e investigaciones internacionales. El caso de Trenitalia generó espejos y una victoria legal. La violación de seguridad en Aruba produjo el Plan R*. La censura de proveedores produjo compensaciones.

La incautación en Noruega demostró que la red podía recuperarse en cuestión de horas. Cada intento de aislar al colectivo desparramó conocimientos sobre cómo funcionan la censura y la vigilancia. Cada ataque se convirtió en una oportunidad para enseñar a más personas cómo protegerse unas a otras. Estados Unidos ha transformado ahora esa historia en una prueba global. Lo que está en juego no es solo la supervivencia de un colectivo italiano de hackers. Se trata de si el mantenimiento de infraestructura para movimientos radicales puede ser considerado en sí mismo como terrorismo; si la privacidad puede ser redefinida como ocultamiento; si negarse a recopilar información identificatoria puede ser presentado como obstrucción; si un proveedor puede ser considerado responsable política y legalmente de cada texto, táctica y afirmación transmitida a través de sus máquinas.

A/I lleva veinticinco años preparándose para el día en que un servidor desaparezca. Sabe cómo reemplazar una máquina, trasladar un servicio, restaurar datos encriptados y seguir operando después de que la policía o los proveedores bajen la palanca. Estados Unidos está intentando algo diferente. Está tratando de asustar a bancos, proveedores de alojamiento, registradores, proveedores de infraestructura y simpatizantes de todo el mundo para que abandonen al colectivo. Que eso tenga éxito dependerá en parte de la arquitectura de A/I.

También dependerá de nosotros.

De aquí al 25 de septiembre, preserven la historia. Compartan la historia. Formen la coalición. Documenten el aislamiento. Enseñen a usar las herramientas. Preparen una defensa legal. No permitan que el Estado establezca silenciosamente que construir una infraestructura que proteja la privacidad para el disenso sea, en sí mismo, un acto de terrorismo. Hace veinticinco años, diez personas se reunieron alrededor de una máquina reciclada y, deliberadamente, tardaron mucho en configurarla porque se suponía que todos los presentes debían aprender. Esa sigue siendo la lección. No dejen el conocimiento en las manos de expertos.

No dejen la infraestructura en un único lugar. No dejen que quienes son blanco de ataques se queden solos.

El primer servidor se llamó Paranoia.

La red que creó se llamó solidaridad.


El comunicado del Colectivo A/I

Hoy nos enteramos de que el gobierno de Estados Unidos ha decidido incluir a un pequeño colectivo de voluntarios y activistas digitales italianos en la lista de organizaciones terroristas globales que merecen sanciones, como se puede leer en las declaraciones del Departamento del Tesoro, del Departamento de Estado y en la Orden Ejecutiva correspondiente.

Rechazamos todas las acusaciones presentadas en tales declaraciones y, al mismo tiempo, reafirmamos enérgicamente nuestro compromiso de proporcionar una plataforma de instrumentos de autodefensa digital que permita a activistas, personas particulares, grupos y asociaciones comunicarse libremente.

No nos detendremos y continuaremos haciendo lo que siempre hemos hecho, oponiéndonos por todos los medios a las acusaciones falsas fabricadas por una administración políticamente desesperada cuyo único propósito es distraer a las personas y a los medios de comunicación de su propia violencia y de su propio deseo de guerra. 

El antifascismo y el anticapitalismo no son terrorismo. Protestar no es terrorismo. Y todos tienen derecho a tomar la palabra y a luchar por toda la humanidad.

Colectivo Autistici/Inventati - “Socializar saberes sin fundar poderes”

Stay human [Sigamos siendo humanos]


Sabot Media es un colectivo mediactivista anarquista estadounidense que busca ofrecer una plataforma para el análisis radical, la organización y la educación a través de diferentes proyectos multimedia autónomos: las investigaciones y notas deThe Harbor Rat Report, el podcast Molotov Now!, los contenidos audiovisuales y la comunicación en redes de Aberdeen Local 1312, los fanzines de Black Cat Distro, los comics de The Saboteurs y el boletín informativo local The Communique.