Estados Unidos: Autistici/Inventati “terrorista”

El objetivo es la infraestructura de la disidencia • Por Osservatorio Repressione

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Ilustración de tapa del libro +Kaos. 10 anni di hacking e mediattivismo

Ilustración de tapa del libro +Kaos. 10 anni di hacking e mediattivismo (a cargo de Laura Beritelli), Milán, Autistici/Inventati, Agenzia X, 2012

Original en italiano: Osservatorio Repressione, 26 de agosto de 2026  • Traducción: Dazi Bao

Washington ha incluido al colectivo italiano en su lista de terroristas globales, junto con Palestine Action y Masar Badil. No solo se criminaliza a quienes protestan: también se convierten en blancos de ataque los instrumentos digitales que permiten a los movimientos comunicarse fuera del control de las grandes plataformas.

El gobierno de Estados Unidos ha decidido que Autistici/Inventati (A/I) es una organización terrorista global. No es una provocación, ni una exageración periodística: el 26 de agosto, el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro han incluido al colectivo italiano en la lista de Specially Designated Global Terrorists –Terroristas Globales Especialmente Designados–, aplicando la Orden Ejecutiva 13224, el instrumento creado tras los atentados del 11 de septiembre para sancionar económicamente a organizaciones e individuos acusados ​​de terrorismo.

Con A/I son atacadas Palestine Action, ya proscripta como organización terrorista en el Reino Unido, y Masar Badil, movimiento palestino transnacional que Washington considera vinculado al Frente Popular para la Liberación de Palestina.

Para A/I, las consecuencias son pesadísimas: bienes e intereses patrimoniales sujetos a la jurisdicción estadounidense quedan bloqueados, y a las personas estadounidenses se les prohibe, en términos generales, realizar transacciones con el grupo. La OFAC [Oficina de Control de Activos Extranjeros] ha otorgado simultáneamente una licencia temporal para permitir la suspensión ordenada de las transacciones existentes.

Pero lo que merece atención es sobre todo la motivación política que hay detrás de la medida.

Para Washington, Autistici/Inventati formaría parte de la infraestructura internacional del llamado “terrorismo de extrema izquierda”. El Tesoro de Estados Unidos sostiene que sus servicios digitales –correo electrónico cifrado, alojamiento web, chat, videoconferencias, blogs y otros instrumentos de comunicación seguros– han sido puestos a disposición de organizaciones y grupos considerados extremistas o terroristas.

El Departamento de Estado llega incluso a describir a A/I como un nodo tecnológico utilizado por redes antifascistas, anarquistas y marxistas para comunicar, organizarse y difundir materiales.

El salto cualitativo es evidente. Ya no se ataca solo a quienes son acusados de haber cometido un determinado acto. Se ataca a quienes ponen a disposición la infraestructura a través de la cual se comunican sujetos políticos.

La diferencia es enorme. Autistici/Inventati se creó en 2001 y lleva veinticinco años ofreciendo instrumentos de comunicación independiente, privacidad y autodefensa digital a movimientos, colectivos, asociaciones e individuos. El proyecto gestiona miles de correos electrónicos, sitios web, listas de correo y blogs, y representa una de las experiencias más longevas de autogestión digital en Italia.

Su función ha sido siempre exactamente aquella que ahora es transformada en un elemento de acusación: permitir a realidades políticas y sociales sustraer al menos una parte de su comunicación de la vigilancia comercial y estatal.

El gobierno estadounidense afirma que algunos de estos instrumentos habrían sido utilizados también por grupos responsables de actos de sabotaje y acciones violentas. Pero es precisamente aquí que se abre una pregunta enorme. ¿Proporcionar una infraestructura de comunicación significa ser responsable de las actividades de quienes la utilizan? Y, sobre todo: ¿hasta qué punto la disponibilidad de instrumentos cifrados, alojamiento independiente y anonimato digital puede ser transformada en “apoyo material” al terrorismo?

La respuesta ofrecida por la administración estadounidense es preocupante porque tiende a cancelar  la distinción entre infraestructura y usuario, entre instrumento y comportamiento, entre posibilidad técnica y responsabilidad penal.

Es la misma lógica que, aplicada de forma consecuente, podría transformar cualquier servicio de comunicaciones en corresponsable de las actividades de sus usuarios. La diferencia, evidentemente, radica en la elección política del objetivo. Autistici/Inventati no es una multinacional tecnológica: es una infraestructura autogestionada, antifascista, anticapitalista y antimilitarista que reivindica abiertamente su postura política.

Y es precisamente esta postura la que es puesta bajo acusación.

El lenguaje utilizado por la administración estadounidense no deja lugar a dudas. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, habla explícitamente de “extremistas de extrema izquierda, sus fachadas y sus facilitadores”, mientras que la Estrategia Antiterrorista de Estados Unidos de 2026 ha incluido el terrorismo violento de extrema izquierda entre las principales amenazas para Estados Unidos.

La medida contra A/I forma parte, por lo tanto, de una estrategia más amplia: construir una categoría transnacional del enemigo interno en la que el antifascismo radical, el anticapitalismo, la solidaridad palestina y algunas formas de conflicto social puedan progresivamente ser remitidas a la gramática del "antiterrorismo".

No es casualidad que estén incluidas en la misma medida Autistici/Inventati, Palestine Action y Masar Badil. Realidades profundamente diferentes son agrupadas bajo la misma categoría política y securitaria. El denominador común no es una estructura organizativa compartida, sino su posicionamiento por parte de la administración estadounidense dentro de un área internacional de oposición radical al orden político occidental y, en particular para dos de las organizaciones atacadas, de apoyo a la causa palestina.

Es un proceso que también conocemos bien en Europa. Primero, se amplía semánticamente la categoría de "terrorismo"; luego, se sitúa cada vez más cerca el umbral de punibilidad; finalmente, se criminalizan no solo los actos, sino también las palabras, las relaciones, los instrumentos y las infraestructuras que hacen posible el conflicto político.

Se trata del mismo paradigma que vimos avanzar en Italia con el decreto de seguridad de 2025 y con la introducción de cuestiones que vuelven posible la intervención penal mucho antes de la comisión de un acto concreto. Es el terreno del “terrorismo de la palabra”: la acción ya no cuenta, porque adquieren relevancia penal la posesión de un material, la difusión de un contenido, las expresiones de solidaridad, la pertenencia a una determinada red política.

Con Autistici/Inventati estamos ante un paso más: el terrorismo de la infraestructura.

No solo quien habla, sino quien permite que otro hable. No solo quienes organizan una protesta, sino quienes ponen a disposición los instrumentos a través de los que la protesta puede organizarse. No solo quienes publican una declaración, sino la infraestructura digital que la aloja.

Es difícil no comprender la importancia de este precedente en una época en la que una parte enorme de la comunicación política pasa a través de plataformas controladas por unas pocas multinacionales. La posibilidad de contar con servidores independientes, comunicaciones cifradas y plataformas no comerciales no es un capricho tecnológico: constituye una de las condiciones materiales para la autonomía de los movimientos sociales.

Por lo tanto, atacar esas infraestructuras significa intervenir directamente en las condiciones que hacen posible la organización política independiente.

A/I ha rechazado categóricamente las acusaciones, reafirmando su compromiso de proporcionar instrumentos de autodefensa digital que permitan a activistas, personas, grupos y asociaciones comunicarse libremente. En un comunicado emitido tras conocerse la noticia, el colectivo sintetiza la cuestión en pocas palabras: “El antifascismo y el anticapitalismo no son terrorismo. Protestar no es terrorismo”.

Y este es precisamente el punto.

No se trata de sostener que cualquier comportamiento realizado por quienes utilizan plataformas militantes sea automáticamente legítimo. La cuestión es impedir que la responsabilidad por comportamientos individuales sea extendida a entornos políticos enteros y a las infraestructuras que permiten su existencia.

Porque el paradigma que está tomando forma es perfectamente reconocible: del delito a la persona, de la persona a la red, de la red a la infraestructura. Es el “antiterrorismo” que, progresivamente, deja de ser un instrumento excepcional contra sucesos excepcionales para volverse una técnica común y corriente de gobierno del conflicto.

Por eso, lo sucedido con Autistici/Inventati no tiene que ver con un pequeño colectivo italiano de hackers y activistas digitales. Tiene que ver con la posibilidad misma de construir espacios autónomos de comunicación, organización y disenso. Y precisamente por eso sería un grave error considerarlo solo un problema de ellos.

El comunicado del Colectivo:

Hoy nos enteramos de que el gobierno de Estados Unidos ha decidido incluir a un pequeño colectivo de voluntarios y activistas digitales italianos en la lista de organizaciones terroristas globales que merecen sanciones, como se puede leer en las declaraciones del Departamento del Tesoro, del Departamento de Estado y en la Orden Ejecutiva correspondiente.

Rechazamos todas las acusaciones presentadas en tales declaraciones y, al mismo tiempo, reafirmamos enérgicamente nuestro compromiso de proporcionar una plataforma de instrumentos de autodefensa digital que permita a activistas, personas particulares, grupos y asociaciones comunicarse libremente.

No nos detendremos y continuaremos haciendo lo que siempre hemos hecho, oponiéndonos por todos los medios a las acusaciones falsas fabricadas por una administración políticamente desesperada cuyo único propósito es distraer a las personas y a los medios de comunicación de su propia violencia y de su propio deseo de guerra. 

El antifascismo y el anticapitalismo no son terrorismo. Protestar no es terrorismo. Y todos tienen derecho a tomar la palabra y a luchar por toda la humanidad.

Colectivo Autistici/Inventati - “Socializar saberes sin fundar poderes”

Stay human [Sigamos siendo humanos]


El Osservatorio sulla Repressione [Observatorio sobre la Represión] es una Asociación de Promoción Social italiana creada en 2007. Su objetivo principal es echar luz sobre los mecanismos de la represión y el control social, promoviendo y coordinado estudios, investigaciones, debates y seminarios centrados en cuestiones como la represión, la legislación especial y la situación carcelaria. El OsR es un espacio abierto y militante, estructuralmente y orgullosamente antifacista, antirracista y antisexista.