Nemo's, graffiti en via dell'Arcoveggio, Bologna
Original en italiano: Il Disertore, 3 de marzo de 2026 • Traducción: Dazi Bao
El Führer les dirá: la guerra durará cuatro semanas.
Cuando llegue el otoño estarán de vuelta.
Pero vendrá el otoño y pasará,
vendrá de nuevo y pasará muchas veces,
y ustedes
no habrán vuelto.
El pintor de brocha gorda les dirá: las máquinas
lo harán todo por nosotros.
Poquísimos
tendrán que morir.
Pero ustedes
morirán de a cientos de miles,
tantos
como nunca se habrá visto morir.
Cuando escuche decir que están en el Cabo Norte
y en la India y en Transvaal,
ahí sabré
dónde será necesario buscar sus tumbas.
Bertolt Brecht
Que la especie humana todavía existe es algo fuera de toda duda. Los seres humanos son ahora más numerosos que en cualquier otro momento anterior, aun sí su número está destinado a descender rápidamente por efecto de la caída de la natalidad.
Pero esto no significa en absoluto que exista la humanidad. Sin ninguna pretensión de exhaustividad, permítaseme definir la humanidad sobre la base de cuatro criterios.
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El primer criterio es el que intuye Pico della Mirandola en su Discurso sobre la dignidad del hombre de 1486: la libertad ontológica como independencia de toda determinación divina, la libertad de la existencia por fuera de toda esencialidad necesaria.
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El segundo criterio es el que el cristianismo pone como fundamento de su predicación: la compasión, el reconocimiento del dolor del otro como dolor propio (y, añadiría, el reconocimiento del placer del otro como placer propio).
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El tercer criterio es el que surge con el Iluminismo, al que la cultura judía contribuyó de manera protagónica, y evoluciona con el internacionalismo obrero, al que la cultura judía contribuyó de manera protagónica: el universalismo, la igualdad de derechos.
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El cuarto criterio es la facultad de pensar, es decir, la capacidad de distinguir de manera autónoma entre lo verdadero y lo falso, de elaborar conceptos y establecer concatenaciones lógicas entre los enunciados.
Ninguno de estos cuatro criterios se corresponde con la condición actual de los seres humanos en la Tierra.
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La libertad ontológica (independencia de dios) ha desaparecido desde que el complejo técnico conectivo, en su alianza con el dominio del capital, ha restaurado a dios como inteligencia superior cuya potencia de determinación aniquila la intencionalidad de los humanos: las finanzas y la guerra son los campos en los que la anulación de la voluntad humana es más evidente.
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La compasión ha sido progresivamente anulada desde que la percepción del cuerpo del otro está mediada por las tecnologías virtuales, desde que el odio hacia el otro es exaltado como virtud cívica principal y desde que el exterminio ha sustituido al derecho: la piedad ha muerto.
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El universalismo ha sido cancelado por la instauración de la competencia como principio de la vida asociada, y desde que la supervivencia propia implica la eliminación del otro, es decir, desde que se desencadenó una ofensiva racista global para salvar la civilización colonialista en declive. No other choice.
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Por último, la facultad de pensar está desapareciendo como resultado de la penetración del autómata lingüístico en el circuito de la comunicación interhumana y como resultado de la simulación de procesos lógicos destinados a sustituir la actividad del pensamiento en el lapso de una o dos generaciones de seres humanos.
La humanidad comenzó a desaparecer cuando la guerra se apoderó de la inteligencia y el trabajo intelectual, y cuando, en la década de 1930, el nacionalismo racista blanco se desencadenó contra los judíos.
Los alemanes, transformados en bestias por la humillación de la posguerra, infligieron al pueblo judío una herida tan atroz como para nunca poder ser sanada. La consecuencia (quizás inevitable) de ese trauma fue la formación de una entidad política y militar que hace del odio hacia la humanidad su razón de ser.
En la segunda mitad del siglo XX creímos que era posible curar las heridas sufridas por la humanidad. Pero era una ilusión: el genocidio domina el horizonte del siglo XXI y la supervivencia de la raza humana después del fin de la humanidad es el destino más horrible que nos podría suceder. Que esta agonía no dure demasiado es la única esperanza que podemos albergar.
Nacido en 1948 en Bolonia, Italia, Franco Berardi “Bifo” es filósofo, ensayista, escritor y docente. Participó en el movimiento estudiantil italiano de 1968, en el grupo extraparlamentario Potere Operaio y posteriormente en la insurrección política y cultural de 1977. En esos años, fue fundador de Radio Alice, primera emisora pirata italiana, y colaborador de la revista A/Traverso. Como otros involucrados en el movimiento político de la Autonomía, fue perseguido y huyó a París, donde conoció y trabajó con Félix Guattari en el campo del esquizoanálisis. Durante los años ochenta asistió en Nueva York a los primeros pasos del ciberpunk y el ciberactivismo. De regreso a Italia, continuó con su actividad de animador y colaborador de revistas, editoriales y proyectos de mediactivismo. En 2002 fue fundador del canal comunitario Orfeo TV, como parte del movimiento telestreet. De 2000 a 2009 llevó adelante, con Mateo Pasquinelli, el e-zine rekombinant.org. En las últimas décadas
En castellano, y gracias a la colaboración de las editoriales Tinta Limón y Fabricantes de Sueños, se pueden leer La fábrica de la infelicidad (2003), Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo (2006), El umbral. Crónicas y meditaciones (2020), Medio siglo contra el trabajo (2023), Últimos fulgores de la modernidad. Trabajo, técnica y movimiento en el laboratorio de Potere Operaio (2024) y Pensar después de Gaza (2025).
Otros de sus libros traducidos al castellano son Telestreet. Máquina imaginativa no homologada (Viejo Topo, 2004), El sabio, el mercader y el guerrero (Acuarela, 2007), Félix (Cactus, 2013), La sublevación (Hekht, 2014), El trabajo del alma (Cruce, 2016), Fenomenología del fin (Caja Negra, 2017), Futurabilidad (Caja Negra, 2019) y Desertemos (Prometeo, 2024).